
Si mis manos me obedecieran solo por un infertil reflejo

Si mis ojos pudieran siempre adelantarse a los hechos

Si algún día mis oídos pudieran darme la entonación justa de las notas
Si mi nariz dejara de tentarse por el singular aroma de una panadería de madrugada o el secreto intimo que encierra ese perfume que venero
Si mi gusto buscara solo la armonía en la gente que conozco y las calles que camino
Sería entonces mi pasar por la vida una sucesión de tedios, un enjambre de obviedades
Un cúmulo de razones que me llevarían al llano, de vuelta a la mediocridad
Prefiero así vivir entre la adversidad, la duda y el silencio
Acepto la oscuridad y rescato la pureza de la luz a través del amable sol